noise cancelling
tendría que haber reproductores de silencio. un 'ipod silence'. que reprodujese silencios perfectos impolutos, estoy convencido de que hay diferentes tipos de silencio. tendría listas de reproducción. sería un proucto vendidísimo en los aeropuertos. un cacharro que te infunda el más absoluto y demoledor de los silencios. todos lo hemos experimentado alguna vez, esa sensación de paz. brutal, desconcertante, capaz de dar vértigo.volamos sobre las nubes. sobre parajes inmensos, gigantes, divinos. geografías inmaculadas y volátiles. formas imposibles, valles, llanuras y desiertos. cielos posibles.
a mí me gustaría vivir en las nubes, o por lo menos visitarlas de vez en cuando. como medida de relajo. cuanto más llueva y más oscuro esté el cielo más alto subiré a pasear. deambularé por los paisajes que ahora veo desde la ventana. los que me roban la mirada, los que me emboban. después de un vuelo de siete horas, inmigración, aduanas, maletas, un almuerzo caliente y plastificado, un bollo, un par de zumos de tomate, otro par de ginger ales y dos películas entrecortadas de las que no me acuerdo, no me encuentro en situación de hacer otra cosa que disfrutar de las vistas.
qué dimensiones pueden tener estos montes, cómo sería aventurarse entre sus paredes. supongo que haría un frío de pelotas y mi cuerpo estaría a punto de estallar. el sol calienta mis mejillas desde aquí, he encontrado las gafas de sol que apenas me pongo, y estoy preparado para emborracharme de belleza. levanto el boli para seguir mirando. desde la cabina de este avión se tiene que ver todo guay. es un lugar privilegiado. a nueve mil metros de altura. si no pudiera subirme a darme una vuelta tendría que soñarlo más a menudo. soñar esta clase de cosas imposibles. lo único que falla en un avión es el silencio. tendrían que hacer ese ipod y las ventanas más grandes, entonces ésto sí que sería perturbador.
mis oídos empiezan zumbar, estamos a punto de hincar el morro de nuevo en parajes de fantasía inmaculada.
los pilotos tienen que estar ebrios de belleza. adictos a estos paisajes imposibles, a la inmensidad, a la tranquilidad para sus ojos. por eso cuando informan desde su puesto de las condiciones atmosféricas, de cuándo vamos a llegar, de la hora en el lugar de destino, y de cuándo podemos encender el móvil, parece que se están tomando un martini. arrastrando las palabras, como si fueran frank sinatra ligando.
un taxista, comparado con esto, tiene que estar chamuscado, y no tiene otra manera de embriagarse que pasándose de la raya de vez en cuando en el bar con los amigos. creo que ésta es la última vez que escribo sobre taxistas. me da la impresión de que ya he tenido bastante. esta misma mañana hacían cola bajo la lluvia en el aeropuerto. una hilera de faroles verdes en una triste verbena. esperar tanto para después llevar a un pasajero al pueblo de barajas por diez euros (creo que ya tienen tarifas compensatorias). no me extrañaría que un día de estos me echaran de uno a patadas por ir un poco chispa.
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