people's republic of china

no son pocos los que saben que una vez trabajé en una fábrica. hacía procesos en cadena en el corazón de estados unidos. de esto hace ya algunos años y no pocos, también, están aburridos de oirme contar la misma historia. en la tele he visto una máquina cocinera atomática. un cacharro que cocina lo que quieras. es como una freidora pero con unas pegatinas de imágenes de comida. son horribles. me acuerdo que en aquella fábrica. pasé dos semanas propinando una gota de aceite en unos diminutos agujeros a una especie de microondas redondos. unos ovnis cocineros. no recuerdo el nombre, pero sí que el dosificador me hizo ampollas en la mano y que, según los supervisores, teníamos un gran rendimiento al cabo del día. nuestros índices de producción-eficacia demostraban ser muy satisfactorios. era una puta mierda de curro. dos puñeteras semanas echando una mierda de gota de lubricante a una mierda de producto inútil. de vez en cuando aparecía el ingeniero para explicarnos con qué inclinación debíamos propinar la dosis. uno traía el palé. los desembalaba, otro los sacaba de la caja, otro les hacía los agujeros con un minitaladro anclado a la mesa de trabajo y otro, yo en este caso, los cogía y les echaba las jodidas gotas. otro los volvía a embalar y al final del dia los poníamos sobre el palé y los plastificábamos. era una partida de miles y miles que habían salido defectuosos, y había que repararlos.
no dejo de preguntarme en qué clase de mundo vivimos. hasta qué punto somos una hormiga más o ni siquiera eso, la ceniza de un cigarro mal apagado. estábamos en una fábrica (al cabo de los años la visité de nuevo, y estaba abandonada) en medio de los estates donde reparábamos esta partida de artilugios, entre otras cosas absurdas que me recuerdan aún más lo microscópicos que somos.
hace unas semanas comprobé en un supermercado de allí que todo estaba hecho en china, y también en el bazar al que solía ir a comprar rotuladores y papel, junto a la casa de mi abuela en moncloa. todo, en todas partes tiene esa etiqueta. pensé que tendría que haber hasta fábricas parecidas a la que disfrutaron de mis porcentajes laborales, que se dedicasen a imprimir y fabricar esas pegatinas doradas del 'made in china'. peña explotada en un minúsculo grano del mundo dedicadas en cuerpo y alma a la creación de la etiqueta. gente que promociona dentro de la fábrica, supervisores y secretarias. gente a la que echan. jubilados, frustrados y hasta emprendedores. ampollas y dolores de espalda. premiados y defenestrados. ascendidos y relegados. enfermos y envidiosos. responsables y peones. un micro universo repetido hasta el infinito. en áreas geográficas desconocidas. ciudades de fábricas de pegatinas, de sellos y etiquetas. calles con nombres fríos y económicos. barracones para gente que dedica toda su vida, salvo una semana al año, a la puta pegata que marca el casi todo lo que compramos. o a fabricar las hebillas de nuestras cremalleras. las alfombrillas de nuestro ratón. nuestros auriculares o el corcho de nuestra pared. fábricas de cordones, de pilas o de llaveros. esclavos de nuestros pasos. tan insportable y tan inmenso que ya ni se te cae el mundo encima. en metrópolis ocultas al mismo google earth. a nuestros ojos. millones de personas explotadas. marchitas como colillas.
vértigo, vacío, como si enfrentara dos espejos. el infinito.
mis pies están fríos y me pican los ojos. me iré a la cama recordando con cierto cariño aquellos tiempos. hundiré mi cabeza en mi almohada de ikea, hecha en la república checa o en la people's republic of china como lo llaman ahora, que suena más molón, y pensaré de nuevo en la suerte que tengo. volveré al mundo que me rodea y me ocuparé de mis propios asuntos. dejaré que descanse esta tormenta.
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