frap widow
un día de trabajo incesante, grandes ganas de bajar al bar. no se acababa la jornada. llegué. como muchas noches, recluté con mi mirada los elegidos para la velada. los incondicionales, los esporádicos y los extraños habituales. no es que haya una fauna estrambótica, pero en la barra de este bar se han vivido auténticos momentos históricos.
mancu, tito y bitof iban a ser mis entertainers esa noche. los que nunca fallan. y esa noche no iba a ser menos. también andaban por ahí otros fijos y algún que otro iniciado.
ahora es cuando esta noche tan bien pintada se diferencia del resto de noches. yo bajaba con una euforia tremenda para pasar un rato con mis amigos y todo se truncaría en unos segundos.
confirmaba las presencias y las bajas, la situación tenía buena pinta. un panorama ideal, compañeros de onda y el mejor lugar. sin embargo mi mirada detectó un agente extraño. mejor dicho, una agente extraña. una mujer de unos largos cuarenta o unos cortos cincuenta que luego confirmamos. según pude percibir llevaba una rato allí y mis colegas me transmitían que no era una situación cómoda. según supe después, ella ya había llegado totalmente borracha. que se caía, le había armado un pollo importante a los dueños del local, que resultan ser, por frecuencia de presencia, amigos. había gritado, pedido que llamaran a la policía. había abierto los grifos de cerveza de la barra, unos cinco o seis. el jefe llamó a la policía aunque finalmente no apareció. fuimos los cuatro basurillas los que tuvimos que lidiar con la situación.
una mujer muy bien vestida. muy pija con algún que otro detalle hipi, pero rematadamente montada en la pasta. collares y anillos de oro y pendientes con brillantes. tenía postrado sobre la mesa un maletín de ejecutivo de piel de serpiente. estaba desconsolada, lloraba y cantaba, tenía una tristeza demoledora. pero a un borracho no sabes qué creerle. ella siguió el manual. los borrachos no suelen mentir. igual tardan en contar la verdad, pero siempre lo hacen finalmente.
se apostó en la barra y arrampló con nuestros brevajes. con el mío en especial. tuve que pedirme otra de stella. nosotros, como buenos chicos, le seguimos el juego. nos contó que este país era una mierda, que se quería ir, que era abogada, y que había tenido un día malo, que odiaba a la jueza del caso en el que había trabajado durante tanto tiempo. se estaba quejando como una pija desagradable y superficial. no entendíamos por qué estaba tan triste. nos llamó pijos y niñatos además de otras cosas bonitas y feas. el caso en que nos empezamos a cansar, de repente paraba y cantaba canciones de victor jara (al que le habían cortado la lengua, señalaba ella) al alba!, gesticulaba como una hipi trasnochada. entre lágrimas y sollozos de pena oscura y amarga se hincaba otro buen trago de cerveza. el brazo de mancu, de pie, estaba a huevo, ella lo agarró y secó sus lágrimas en él como si fuera una niña pequeña. me pareció un tanto embarazoso, pero ella seguía erre que erre. yo me cansé rápido, y le pregunté que si su pena tan trágica era por esa chorrada que no nos diera la brasa, que cada uno tiene sus problemas y que esas mierdas eran mierdas de cada uno y que a mí me daría vergüenza verme quejando por semejante gilipollez. seguramente no lo dije con estas palabras pero lo pensaba. fui diplomático y educado, eso la ayudó a levar anclas y soltar toda la verdadera mierda que llevaba dentro. no vomitó, no.
de repente nos convirtió en espectadores de la historia nacional, en testigos de una tragedia española, como muchas otras, sí (omito tus palabras, tito, porque tienes un gran corazón) como muchas otras.
su nombre era silvia carrasco y era la viuda de luis sánchez bravo, uno de los últimos fusilados de franco. uno de los que el papa de por entoces quería que el caudillo indultara, razón por la que éste cayó enfermo definitivamente, según cuentan los historiadores que salen por la tele. este encuentro sucedió hace ya un mes o dos. justo cuando se recordaba la muerte del dictador. ella estaba jodida. y éramos testigos, por su tristeza, de que, como sollozaba, aquél cabrón hijo de puta le había jodido la vida para siempre.
tenían veintiún años los dos, estaban casados y ella estaba embarazada. enamorados jóvenes y rebeldes. según contaba, había posibilidades de que se salvaran. eran presos políticos y los tiempos que corrían por entonces en el mundo no eran tiempos de fusilamientos por motivos ideológicos (aunque, paradógicamente, sigua pasando a día de hoy). pues se los zumbaron. ella pasó la noche con él, también estaba presa. a la mañana se lo llevaron y 'voluntarios' de la guardia civil los acribillaron. ella lo contaba como si acabara de pasar. era un muy duro de presenciar. después de treinta años a esta mujer no se le había curado ni una sola herida, lloraba desconsoladamente. inménsamente triste, y borracha a la vez. qué consuelo se le puede dar. se había casado y el hijo que esperaba no nació. luego tuvo una hija y finalmente se había convertido en una pijaza. qué consuelo le podíamos dar mas que aguantar sus faltas de respeto y echarle una mano para salir del local. tenía los brazos magullados. qué habría hecho antes de entrar al bar. se iba en un estado lamentable. la acompañamos a un taxi en la esquina con orense. nos decía que nos fueramos con ella, que se iba a un lugar en lagasca donde había mujeres especiales. nos miramos perplejos. la viuda se iba a un puti! se montó en el coche. que no le pase nada, nos dijimos. lo flipamos un rato, nos echamos un piti y los casados y con hijos se cogieron los siguientes coches, luego tito y yo compartimos uno, nos reimos, pero nos íbamos perplejos.
cuál fue la razón de esta situación, porqué se encontraba así. qué desencadenó esa amargura. qué revivió esa tristeza. tiene arreglo? nos portamos bien? es justo? son leyes de vida que no tenemos por qué entender. habría visto en lo que se había convertido? lo superaría algún día? le sirvió de algo hablar con nosotros? era solo una borrachera?
hay veces que me resulta muy difícil entender determinadas cosas. no es que sea perezoso. tal vez sea que me enfrento a demasiados asuntos. quizás debiera darle a mi capacidad emocional un respiro. no sé. también podemos dejar que la realidad nos supere, no?
mancu, tito y bitof iban a ser mis entertainers esa noche. los que nunca fallan. y esa noche no iba a ser menos. también andaban por ahí otros fijos y algún que otro iniciado.
ahora es cuando esta noche tan bien pintada se diferencia del resto de noches. yo bajaba con una euforia tremenda para pasar un rato con mis amigos y todo se truncaría en unos segundos.
confirmaba las presencias y las bajas, la situación tenía buena pinta. un panorama ideal, compañeros de onda y el mejor lugar. sin embargo mi mirada detectó un agente extraño. mejor dicho, una agente extraña. una mujer de unos largos cuarenta o unos cortos cincuenta que luego confirmamos. según pude percibir llevaba una rato allí y mis colegas me transmitían que no era una situación cómoda. según supe después, ella ya había llegado totalmente borracha. que se caía, le había armado un pollo importante a los dueños del local, que resultan ser, por frecuencia de presencia, amigos. había gritado, pedido que llamaran a la policía. había abierto los grifos de cerveza de la barra, unos cinco o seis. el jefe llamó a la policía aunque finalmente no apareció. fuimos los cuatro basurillas los que tuvimos que lidiar con la situación.
una mujer muy bien vestida. muy pija con algún que otro detalle hipi, pero rematadamente montada en la pasta. collares y anillos de oro y pendientes con brillantes. tenía postrado sobre la mesa un maletín de ejecutivo de piel de serpiente. estaba desconsolada, lloraba y cantaba, tenía una tristeza demoledora. pero a un borracho no sabes qué creerle. ella siguió el manual. los borrachos no suelen mentir. igual tardan en contar la verdad, pero siempre lo hacen finalmente.
se apostó en la barra y arrampló con nuestros brevajes. con el mío en especial. tuve que pedirme otra de stella. nosotros, como buenos chicos, le seguimos el juego. nos contó que este país era una mierda, que se quería ir, que era abogada, y que había tenido un día malo, que odiaba a la jueza del caso en el que había trabajado durante tanto tiempo. se estaba quejando como una pija desagradable y superficial. no entendíamos por qué estaba tan triste. nos llamó pijos y niñatos además de otras cosas bonitas y feas. el caso en que nos empezamos a cansar, de repente paraba y cantaba canciones de victor jara (al que le habían cortado la lengua, señalaba ella) al alba!, gesticulaba como una hipi trasnochada. entre lágrimas y sollozos de pena oscura y amarga se hincaba otro buen trago de cerveza. el brazo de mancu, de pie, estaba a huevo, ella lo agarró y secó sus lágrimas en él como si fuera una niña pequeña. me pareció un tanto embarazoso, pero ella seguía erre que erre. yo me cansé rápido, y le pregunté que si su pena tan trágica era por esa chorrada que no nos diera la brasa, que cada uno tiene sus problemas y que esas mierdas eran mierdas de cada uno y que a mí me daría vergüenza verme quejando por semejante gilipollez. seguramente no lo dije con estas palabras pero lo pensaba. fui diplomático y educado, eso la ayudó a levar anclas y soltar toda la verdadera mierda que llevaba dentro. no vomitó, no.
de repente nos convirtió en espectadores de la historia nacional, en testigos de una tragedia española, como muchas otras, sí (omito tus palabras, tito, porque tienes un gran corazón) como muchas otras.
su nombre era silvia carrasco y era la viuda de luis sánchez bravo, uno de los últimos fusilados de franco. uno de los que el papa de por entoces quería que el caudillo indultara, razón por la que éste cayó enfermo definitivamente, según cuentan los historiadores que salen por la tele. este encuentro sucedió hace ya un mes o dos. justo cuando se recordaba la muerte del dictador. ella estaba jodida. y éramos testigos, por su tristeza, de que, como sollozaba, aquél cabrón hijo de puta le había jodido la vida para siempre.
tenían veintiún años los dos, estaban casados y ella estaba embarazada. enamorados jóvenes y rebeldes. según contaba, había posibilidades de que se salvaran. eran presos políticos y los tiempos que corrían por entonces en el mundo no eran tiempos de fusilamientos por motivos ideológicos (aunque, paradógicamente, sigua pasando a día de hoy). pues se los zumbaron. ella pasó la noche con él, también estaba presa. a la mañana se lo llevaron y 'voluntarios' de la guardia civil los acribillaron. ella lo contaba como si acabara de pasar. era un muy duro de presenciar. después de treinta años a esta mujer no se le había curado ni una sola herida, lloraba desconsoladamente. inménsamente triste, y borracha a la vez. qué consuelo se le puede dar. se había casado y el hijo que esperaba no nació. luego tuvo una hija y finalmente se había convertido en una pijaza. qué consuelo le podíamos dar mas que aguantar sus faltas de respeto y echarle una mano para salir del local. tenía los brazos magullados. qué habría hecho antes de entrar al bar. se iba en un estado lamentable. la acompañamos a un taxi en la esquina con orense. nos decía que nos fueramos con ella, que se iba a un lugar en lagasca donde había mujeres especiales. nos miramos perplejos. la viuda se iba a un puti! se montó en el coche. que no le pase nada, nos dijimos. lo flipamos un rato, nos echamos un piti y los casados y con hijos se cogieron los siguientes coches, luego tito y yo compartimos uno, nos reimos, pero nos íbamos perplejos.
cuál fue la razón de esta situación, porqué se encontraba así. qué desencadenó esa amargura. qué revivió esa tristeza. tiene arreglo? nos portamos bien? es justo? son leyes de vida que no tenemos por qué entender. habría visto en lo que se había convertido? lo superaría algún día? le sirvió de algo hablar con nosotros? era solo una borrachera?
hay veces que me resulta muy difícil entender determinadas cosas. no es que sea perezoso. tal vez sea que me enfrento a demasiados asuntos. quizás debiera darle a mi capacidad emocional un respiro. no sé. también podemos dejar que la realidad nos supere, no?
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