un historia verdadera

casi atropello a un ciervo esta noche. bueno, a dos. acabo de llegar a casa, menos nervioso de lo que me esperaba. conducía de vuelta del periódico, apenas me quedaban diez minutos, recta hermosa. iba ligerete, pero sin pasarme. ha sido una jornada agradable de curro, un día más salimos del atolladero. a veces se cruzan conejos y otros animales que no reconozco. pero esta noche se me han cruzado dos morlacos de ciervos bien tochos, pero sin cuernos. a lo mejor eran ciervas. disfrutando un camel light (aquí, no sé porqué, saben mejor), escuchando unos temillas de beth orton y de repente veo una silueta nerviosa que cruza, como un conejillo, pensé, el otro día en la urbanización en donde vivimos, vas a velocidad pedo, el pobrecillo no se decidía para que lado así que corrió por delante mía como una manzana. nervioso y rápido. veo como la figura se hace grande, tanto que asusta, freno, sin derrapar, y sin parar. el sujeto cruza mientras me preparo para esquivarlo, y otro se asoma a la carretera y nervioso se gira y lo dejo atrás. de izquierda a derecha, y habían cruzado la otra calzada, apenas había tráfico, sólo una camioneta detrás de mí. por los pelos y mis piernas congestionadas por la tensión de un microsegundo. si le llego a dar, no habría sabido qué hacer con el muerto... menos mal. me acordé de una escena de la película de david lynch, una historia verdadera, en el que una mujer atropella un ciervo y maldice su suerte, otra vez, al parecer le sucedía a menudo, vaya maldición.
el disgusto no me lo quita nadie, ni a ellos, los pobrecicos... el caso es que en el encuentro, sin contacto, me ha venido a la mente la señal que hay unos metros más adelante, que avisa de que ciervos se pueden cruzar. pensé que no servía para nada. menos mal que no me los he cepillado, ahora, me sentiría fatal, casi como esa mujer lynchiana. gracias a dios todo a pasado ya y seguramente estén merodeando por los bosques que rodean a la carretera, buscando un sitio en el que descansar. el caso es que está construyendo, no muy lejos, y la verdad es que puede que eso les haya revuelto. es común por estas carreteras toparte con animales muertos, roedores, amasijos de pelo y sangre aplastados entre los márgenes de la carretera. no es raro ver uno cada día. es un poco triste. supongo que no se pueden poner vallas al campo. no le concederé muchas vueltas al tema, lo añadire a la lista de mis anécdotas peligrosas.



aquí os dejo una foto de la plaza de chinchón que hice estas navidades.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
cuidadin con la carretera Chelvis!!! Oski... me acuerdo de ti leyendo El libro de la ilusiones