christmas beach
que no escribo nunca, que no tengo nada que contar, últimamente no paro de usar el skype, especialmente con estas fiestas. pues eso, que se juntan las pocas ganas de dormir, el cansancio, que ya no escribo.
dónde puede uno encontrar la inspiración para satisfacer a los cuatro que quedan leyendo esto, que me niego a abandonar. aquí ya huele a invierno, aunque hace no poco fui al curro en manga corta.
hoy, el veinticinco, ha pasado algo que puedo contar. después de levantarnos hemos ido a ver a mary jane y david, mis suegros, bueno, un par de ellos, es una historia muy larga. mi cuñado y su perrillo, stinky, andaban por allí. hemos abierto la última tanda de los cienmil regalos que hemos recibido y dado estos días, esto es un desparrame, la cuesta de enero va a ser el turmalet, o cualquiera de esas etapas de montaña que devoraba en antiguos veranos, muy a pesar de mi absoluto desinterés por el ciclismo, y menos en la tele. entre los certificados de regalo para cenas en restaurantes, y otros para el centro comercial, a ver si trinco un telefono para el skype... nos han regalado una especie de cuenco metálico para hacer fogatillas en el jardín. tengo ganas de estrenarla. como digo, esto es un deparrame comercial. pero la verdad es que tiene su gracia. espero que no nos de una pájara y lleguemos a febrero intactos. para colmo, el gato se puso malo, y la visita a urgencias y consecuente reposo del amigo jack, así se llama, nos costó una púa que a muchos os dejaría pálidos de saberlo. por respeto, a mí mismo, y por que aquí las cosas son diferentes, no lo voy a decir, y también por que me siento un poco tonto por haber acoquinado.
el caso es que esta mañana, con la lengua fuera después de unos días de desenfreno permanente y febril navideño, aquí se viven de manera salvaje... no sé si he hecho hincapié, nos hemos ido a dar un paseo con los chuchos a la reserva natural back bay a quince minutos de casa. depués de dar unos paseicos por ahí nos hemos ido a la playa. y ahí ha sucedido probablemente el episodio más gracioso, y a punto de ser tragico, de las navidades.
al llegar a la playa, que también pertenece a la reserva natural de la bahía, se nos ha ocurrido soltar al pancho. angela lo ha soltado hacia mí, y luego yo hacia ella. en mi cabeza resuenan todavía las voces de la gente que ha tenido galgos por aquí. nos dicen que no lo sueltes en la vida, que se te escapa y a la mierda todo... pues nada nosotros hala, a probar. y pancho ha echado a correr, con la correa, me cago en diez, que disgusto, y yo me he quitado el chaquetón y me he puesto a perseguirlo. a trompicones, por la playa y con mis zapas de cortar el cesped. angela corriendo y yo a toda mecha, dentro de mi lamentable estado de forma. la he mirado, estaba gritando su nombre, y pancho con ganas de cachondeo. se para, planta uno de los suyos y sigue, lo pierdo de vista, se mete por las dunas. a estas alturas de la perscución y yo había quemado todas las reservas y corría más torpemente y desesperado, si cabe aún. se asoma el amigo, mientras me mira en esa postura familiar a tres patas. aliviado y juguetón, corre hacia mí. angela me grita, no lo sueltes, y yo que no lo tenía aún, me tiro sobre él, pero no en plan arconada, sino en plan pobre. lo atrapo y engancho la correa, me la amarro bien al antebrazo y caigo derrengado sobre la arena de la playa, blanca y sin alga alguna. a la sombra de la duna pienso que ya está. nunca más, y es verdad, vaya susto nos ha dado el amigo... cuando le perseguía yo sabía que acabaría trincándolo pero por un momento me lo he imaginado corriendo por las dunas, llenas de matojos y de espinas, culebras y escorpiones, que aunque esto no se almería, seguro que algún bichejo hay. menuda carrera que me ha dado. me levanto y miro para atrás, y veo a angela a unos cien metros y a mary jane y jared con el resto de los chuchos, stinky, abbey y levi, bien canijos en la orilla de la playa. los que habéis estado aquí sabéis la magnitud de playa de la que estoy hablando. a todo esto un día debuti. fresquillo pero majo.
hemos vuelto a casa y me echado un ratico a recuperarme. qué poco me cuido, a ver si para marzo me echo unos partidicos.
dónde puede uno encontrar la inspiración para satisfacer a los cuatro que quedan leyendo esto, que me niego a abandonar. aquí ya huele a invierno, aunque hace no poco fui al curro en manga corta.
hoy, el veinticinco, ha pasado algo que puedo contar. después de levantarnos hemos ido a ver a mary jane y david, mis suegros, bueno, un par de ellos, es una historia muy larga. mi cuñado y su perrillo, stinky, andaban por allí. hemos abierto la última tanda de los cienmil regalos que hemos recibido y dado estos días, esto es un desparrame, la cuesta de enero va a ser el turmalet, o cualquiera de esas etapas de montaña que devoraba en antiguos veranos, muy a pesar de mi absoluto desinterés por el ciclismo, y menos en la tele. entre los certificados de regalo para cenas en restaurantes, y otros para el centro comercial, a ver si trinco un telefono para el skype... nos han regalado una especie de cuenco metálico para hacer fogatillas en el jardín. tengo ganas de estrenarla. como digo, esto es un deparrame comercial. pero la verdad es que tiene su gracia. espero que no nos de una pájara y lleguemos a febrero intactos. para colmo, el gato se puso malo, y la visita a urgencias y consecuente reposo del amigo jack, así se llama, nos costó una púa que a muchos os dejaría pálidos de saberlo. por respeto, a mí mismo, y por que aquí las cosas son diferentes, no lo voy a decir, y también por que me siento un poco tonto por haber acoquinado.
el caso es que esta mañana, con la lengua fuera después de unos días de desenfreno permanente y febril navideño, aquí se viven de manera salvaje... no sé si he hecho hincapié, nos hemos ido a dar un paseo con los chuchos a la reserva natural back bay a quince minutos de casa. depués de dar unos paseicos por ahí nos hemos ido a la playa. y ahí ha sucedido probablemente el episodio más gracioso, y a punto de ser tragico, de las navidades.
al llegar a la playa, que también pertenece a la reserva natural de la bahía, se nos ha ocurrido soltar al pancho. angela lo ha soltado hacia mí, y luego yo hacia ella. en mi cabeza resuenan todavía las voces de la gente que ha tenido galgos por aquí. nos dicen que no lo sueltes en la vida, que se te escapa y a la mierda todo... pues nada nosotros hala, a probar. y pancho ha echado a correr, con la correa, me cago en diez, que disgusto, y yo me he quitado el chaquetón y me he puesto a perseguirlo. a trompicones, por la playa y con mis zapas de cortar el cesped. angela corriendo y yo a toda mecha, dentro de mi lamentable estado de forma. la he mirado, estaba gritando su nombre, y pancho con ganas de cachondeo. se para, planta uno de los suyos y sigue, lo pierdo de vista, se mete por las dunas. a estas alturas de la perscución y yo había quemado todas las reservas y corría más torpemente y desesperado, si cabe aún. se asoma el amigo, mientras me mira en esa postura familiar a tres patas. aliviado y juguetón, corre hacia mí. angela me grita, no lo sueltes, y yo que no lo tenía aún, me tiro sobre él, pero no en plan arconada, sino en plan pobre. lo atrapo y engancho la correa, me la amarro bien al antebrazo y caigo derrengado sobre la arena de la playa, blanca y sin alga alguna. a la sombra de la duna pienso que ya está. nunca más, y es verdad, vaya susto nos ha dado el amigo... cuando le perseguía yo sabía que acabaría trincándolo pero por un momento me lo he imaginado corriendo por las dunas, llenas de matojos y de espinas, culebras y escorpiones, que aunque esto no se almería, seguro que algún bichejo hay. menuda carrera que me ha dado. me levanto y miro para atrás, y veo a angela a unos cien metros y a mary jane y jared con el resto de los chuchos, stinky, abbey y levi, bien canijos en la orilla de la playa. los que habéis estado aquí sabéis la magnitud de playa de la que estoy hablando. a todo esto un día debuti. fresquillo pero majo.
hemos vuelto a casa y me echado un ratico a recuperarme. qué poco me cuido, a ver si para marzo me echo unos partidicos.
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