sobrecalentamiento

he salido del curro a las doce y algo. el calor y humedad me han empañado las gafas. el verano ya está aquí, como algunos dicen. aquí, cuando viene, pesa. de camino he escuchado la radio enlatada en mi shuffle. historias de la noche de promoción y una de un fiscal de los estados unidos al que le dieron la vuelta a la tortilla en el caso de una célula terrorista. a la salida de la ciudad el coche carraspeaba. las ventanas abiertas no son suficiente. a veces ni mejoran la situación. la noche ha sido larga. a la salida de la interestate me he encendido el primer piti. disfrutando de la noche, con la radio y la bondad de los semáforos.

parecían las tres en raya, en el primero que me toca en rojo, tres luces en el salpicadero se han encendido. mi coche es más bien viejo, en españa pronto pasaría a ser vehículo de valor histórico, pero no hace mucho ruido. se ha parado. a los dos segundos, literal, un tipo me ha ayudado a empujarlo de la carretera y acomodarlo en un aparcamiento, mientras, en dos segundos, la poli ha aparecido, parecía noche de impacto, pero sin emoción. a las luces de la sirena, silenciosa, me he dado cuenta lo sucio que tengo el coche, y lo poco que lo mantengo. algún día tenía que pasar. necesitará enfriarse, algo de humo, o vapor salía del capó. me he apoyado en el lateral a esperar. corría una brisilla templada y agradable y en el cielo naranja los reflejos de relámpagos mudos.

a los dos segundos, literal, ha aparecido un tipo, en una bici, desde lejos me ha preguntado qué le pasaba al pobre delorean, le he dicho que estaba esperando a que se enfriase. te ayudo si me ayudas, dice. digo venga, soy lanzado, inocente y un poco tonto, lo sé, me inspiraba confianza, pero poca. afeitado y sudoroso el tipo olía a alcohol y colonia. si, creo que estoy agudizando el olfato. al salir del periódico, parecía que los arboles emitían un agradable aroma con la intensidad del perfume de una señora mayor en un estrecho ascensor.
le ha echado agua, es el termostato, que se ha cerrado. metemos su bici en el coche, si, cabe. había salido con la mujer y unas amigas y se habían quedado sin gasolina, y el tipo había cogido la bici para buscar gasolina. conforme lo escribo, la historia me parece más rara. me dice, soy mecánico. arrancamos y tiramos en dirección a su casa. muy echado pa alante, le ofrezco, me pilla, un lucky, me dice que es navy seal. pasados los cuarenta. en un semáforo se cala y se baja a empujar, me bajo, empujamos. el tipo atento y rápido, a la que salta. pero chucete. lo llevamos a la orilla, él cagándose en todo. coge la bici, me dice que se va a acercar a su casa, coge el coche, borracho, pienso yo, esto es cada ves más raro, y me ayuda a empujarlo a otro aparcamiento, sí, aquí abundan, la geografía urbana de virginia beach es generosa en asfalto. y me lleva a casa. me dice que le espere, pero que le de unos pitis. yo, nervioso y generoso a la vez le doy el paquete de reserva de la guantera. me lo agradece y se marcha. me salgo a esperar. exhausto por empujar el coche. decido llamar a la aseguradora, creía que tenía asistencia en carretera y no me iba a costar nada. mientras me daban la cuota, 88 pavos, no es mucho, la verdad, otro poli de impacto ha aparecido, en dos segundos, literalmente. me ha dicho que en cuanto se enfríe el coche otra vez, intente arrancarlo, ‘trata de arrancarlo’ me decía yo para mis adentros, y que le siga hasta la gasolinera y que allí espere a que venga la grúa. así que me he olvidado lance armstrong navy seal que me dijo, tenemos una norma, nadie se queda atrás. pero me alegro de que no haya aparecido por que pedo, en su coche y con la poli, no es buena combinación. y lo último que quiero es meterme en un lío.

me ha dicho que la reparación no será costosa y que hasta puedo hacerla yo mismo. ya ves tú el conocimiento mecánico que pueda tener yo... antes de irse me ha dicho que lo que me van a cobrar por la grúa es un un ‘good deal’, que si él tuviera que llamar a la grúa para sacar el coche serían unos 125. así que yo, que no me fío mi inglés al cien por cien, y menos en temas de pasta, he vuelto a llamar al seguro y me han confirmado la cuota. me he pillado un gatorade de litro, que tenía sed, en la gasolinera, que olía fatal, ya digo que mi olfato se está despertando. aquí hay doscientas cincuenta mil clases de gatorade. pero he ido a lo seguro, el gusto de darby es de confianza y he pillado el de kiwi y fresa. que no sabe a ninguno de los dos, pero está bueno.
he esperado escuchando la radio, esta vez la de verdad, ponen la bbc a altas horas de la noche para que los efectos nocivos de puntos de vista europeos sean más suaves. sería la una y media. tenía la cámara, pero no hay nada en una gasolinera que inspire ni un segundo de entretenimiento fotográfico, y menos por la noche. hablaban de clinton y de que el sábado se iba a retirar, menos mal. menuda agonía, vaya cabezoterismo.
antes de que apareciera la grúa, que no ha tardado mucho, me he echado otro lucky a la luz de la farola dentro de mi coche, pensando en la agradable densidad del humo de un piti como dios manda, y no tabaco de chichinavo que venden aquí. conforme lo apagaba sabía que era el último de la noche y que mañana iba a notar haberme salido de los cuatro diarios, y más aún siendo luckys.

el tipo llevaba puestos los pantalones de pijama, y parecía un niño de cinco años que de repente se ha levantado de la cama midiendo un metro noventa y con una panza de cerveza moderada. barba de cuatro días y bigote perfilado. despeinado. sin olor perceptible. ha montado el coche en la grúa. y hemos tirado para casa. me ha dicho que se han equivocado con la asignación y que ochenta y ocho era un ‘good deal’. no ha hablado mucho, pero me ha preguntado que dónde trabajaba y qué me había traído aquí. le he contado la versión reducida y desapasionada. vosotros, la auténtica ya la sabéis y no tenía ganas de encender el soplete para quemarle la oreja. ha resultado ser un tipo majo y me he sorprendido de poder entenderle. me ha dicho que su novia tiene 17 años más que él. miraba a la carretera, y cuando algo le hacía gracia me miraba y sonreía con inocencia infantil. no creo que tuviera ninguna peculiaridad mental, solo que le había sacado de la cama, de ahí los pantalones. la boca medio abierta y las comisuras de los labios le brillaban. en dos segundos, no literales, hemos llegado, me ha cobrado y mientras hablaba con la operadora para que me cargasen la tarjeta me ha dicho: te gustan mis pantalones? sin esperar una respuesta. me ha preguntado la edad, por curiosidad, que era la misma que la suya y se ha marchado con el busca enganchado a los pantalones del pijama.

después de lavarme los dientes, y darme cuenta de las manchas de polvo negro en mis brazos y en mi frente me he dicho, tengo que escribirlo, que sólo me lleva dos segundos... pero de dos segundos nada, que son casi las cuatro y estoy absolutamente doblado. dejaré las correcciones para otro día, si no os importa.

Comentarios

Indigo ha dicho que…
bueeeeeeeeeeeeeeeno... jajaja
Anónimo ha dicho que…
Joeee... Luisico me da un muere por no poder recogerte como hacemos entre Juanico y yo. me elegra que saliera bien.
Anónimo ha dicho que…
Qué gran historia. Y que bien narrada.. en dos segundos. Yo hubiera pasado miedo, estoy seguro de que tú también, un poquito, aunque eso no se pone. Pero si no, no habría valido la pena. Como cuatro luckys al día. Como dos segundos de incertidumbre. Si no te jode un poquito la vida, no vale la pena. Para eso la tenemos, para ir gastándola en cosas con olor y cuyo precio es ir perdiendo el olfato: o ganándolo.
Un abrazo Luis.

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