111 días contigo

Naciste en otoño, y ya estas hecha una grandullona, bueno, ya sabes, a tu madre y a mi nos lo parece. Ayer pesaste casi siete quilos, el doble que cuando naciste.

Hoy he ido a recogerte a la cuna, estabas llorando, enrojecida, he plantado la palma de mis manos en tu cuerpecillo y te has tranquilizado, a la velocidad de un susto. Te he levantado y acurrucado contra mi pecho, te has acoplado perfectamente. Tu pelo alocado brillaba con la luz de la mañana y tu cabeza, erguida con la fuerza que has adquirido en las ultimas semanas, se balanceaba al son de mis pasos. A veces apoyas tu sien contra mi mejilla. Ahora me afeito mas a menudo. Tus manos estaban frías aunque aprietan igual de fuerte. Por las noches te escapas de las mantas y acabas ligeramente aparcada junto a los barrotes de la cuna. Anoche fue tu primera en ella, en tu cuna y en tu cuarto, que esta cobrando vida propia. Tu mama y yo pusimos mucho cariño en organizarlo y decorarlo. Pero ahora parece perfecto. Incluso en la luz que entra, que parece un poco tímida, funciona perfectamente, aunque es posible que con el tiempo te pase a mi habitacion naranja. A mi me encanta la luz desenfadada. Pero eso es algo que tendría que 'trabajar' con tu madre.

Sobre tus ojos llorosos, por la gesticulación de tu llanto, tonos rosados congestionados insinúan un sutil maquillage en tus cejitas, que son tan finas y disimuladas, que solo se ven cuando las miras muy de cerca, o cuando la luz las delata.

Tu pelo es multicolor, a juego, entre rubio, castaño y cobrizo. Ahora esta largo y alborotado. A veces te lo peino con una crestecilla rizada. Y te dejas. Que suerte hemos tenido contigo. Que bendición. Al apretarte entre mis brazos, con mi barbilla, balanceándome sobre la moqueta, mi corazón se empacha de alegria y felicidad inmensas.

Hoy has cumplido tres meses y diecinueve días. Llevas ocho semanas hablando, o por lo menos lo intentas. Utilizas esas vocales francesas que yo encuentro tan difíciles de reproducir. Otras veces aprietas tu barbilla contra tu pecho, descubriendo uno de tus plieges mas hermosos y delicados, y gruñes con ganas. Otras veces burbujeas. Lo haces de maneras diferentes pero con el mismo resultado, empapando tu babero. La vida en seco de uno de estos varia entre dos horas y cinco minutos. No se te acaba nunca. Eres tan hermosa.

Verte cada mañana es una sobredosis de oxigeno y demás materias que hacen de esta vida un mundo maravilloso. Tu llegada le da un significado nuevo a la palabra amor. Cada día es el redescubrimiento del tesoro que esta vida y Dios nos ha puesto entre los brazos. Tenerte es el mejor regalo. Una lotería multimillonaria permanente y que nunca se acaba.

Comentarios

Mar ha dicho que…
jo, luisico. que emocionante...

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